Segundo addendum al pasaporte anterior

Ya, me lo han entregado. “¿Pues desde cuándo lo solicitó?”… Mejor no respondo. A estas alturas del partido, me urge más terminar el trámite que explicar nimiedades que posiblemente jamás sean comprendidas por funcionario alguno. Me habían dado un número telefónico para comunicarme en lugar de estar yendo a la oficina. Pinche teléfono, jamás nadie lo responde, ¡nadie!

Me atreví a llegar a la oficina con la incertidumbre del teléfono nunca levantado. Sí, mi documento había llegado. Media hora después salí de la oficina expedidora de pasaportes con el mío en la mano. Atrás quedaron los olores, los ruidos, ¡las pulgas! (neta, no exagero, las vi saltar de un niño a una señora a su lado y mi vista de lince no pudo traicionarme).

Ahora sí, estoy listo en caso de que el comité olímpico mexicano (supongo que todavía existe) necesite de mis servicios como deportista de alto rendimiento y fuerte contendiente por el medalleo, al cabo ya tengo pasaporte.

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Uno, dos, tres, cuatro días hábiles de acuerdo a los calendarios oficiales. No hablo por teléfono, me apersono en la oficina de la Secretaría a ver si ya han tenido a bien recibir la copia digital de mi pasaporte anterior (que no es el anterior, pero si usted, amable lector de esta historia, no sabe de qué hablo, remítase de inmediato a la entrada denominada “Pasaporte al paraíso”).

Muy orondo, pregunto con quién puedo preguntar sobre dicho procedimiento y me mandan preguntara a Fulana… “¿No habló por teléfono?” No, solamente pasaba por aquí y se me hizo más fácil de una buena vez entrar a preguntar. “Permítame su identificación oficial y en seguida checo en el sistema”.

Va mi credencial del IFE en prenda y espero… espero… espero… La oficina como si fuera romería, parece que son los mismos niños de una semana antes, pero hoy en serio están hasta la madre. Los olores del baño ahora parecen un tanto enmascarados por los humores de tanto usuario. Sigo en espera…

“No, señor, no ha llegado… hábleme por teléfono el lunes a ver si ya llegó”. Bendita tecnología digital… sigo sin pasaporte aún.

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Pasaporte al paraíso

Se me ha vencido mi pasaporte y puesto que mi mundana vocación es trotar aquí y allá, aun cuando sea mucho de imaginación por la falta de pasta, decidí llevar a cabo el trámite correspondiente: no vaya a ser que de repente me llamen y deba yo volar a Londres a representar a México en las competencias del salto triple en las Olimpiadas. Total, que más vale estar preparado para lo que venga.

Me da mucha flojera andar preguntando pendejadas en las oficinas pues se trata de invitaciones a respuestas de la misma índole, por tanto, procedí a navegar en la red y buscar los requisitos en la página de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Nada más fácil que lo que ahí dice. Tramité mi cita y me dieron a escoger fecha y hora ¡a casi un mes de distancia!

Mi mente recorrió cientos de vericuetos y no hallaba la explicación, ¿por qué tanta gente en Ciudad Juárez tramita  pasaporte? Si salen de vacaciones o solamente de compras al extranjero, significa que la crisis es puro cuento de la oposición y de los chillones de siempre. Si son nuestros jóvenes los que buscan el documento de identificación para irse a estudiar al extranjero, benditas becas y qué bueno que Harvard o Stanford vayan a prestar lo que Natura y la SEP no han querido soltar ni motivar. ¿Será que ahora los mojados pasan con pasaporte? Por mucho que el presidente del empleo nos insista en que la migración a los Estados Unidos ha disminuido por el número de plazas de trabajo que ha creado la presente administración, por las mejores condiciones de vida, donde se incluye la seguridad y la felicidad…, la gente toma camino pa’l norte, pero ignoro si lleva pasaporte o no. Para tramitar una visa o lo que sea y poder entrar legalmente al paraíso terrenal, debe contar uno con pasaporte mexicano, eso sí. Seguramente por ahí deben encontrarse las razones del tiempo tan prolongado de espera para iniciar el trámite.

Pues bien, a llegar preparado a la cita. El manual de procedimientos de la secretaría dice que si se renueva el pasaporte, tan solo debe uno presentar el vencido, con una fotocopia de la primera y de la última página, además de dos fotografías de características tales por cuales, pagar en el banco y llevar el comprobante, además de llenar la solicitud que proporciona la oficina de trámites. Sencillito, ¿no?

Y allá va el presunto solicitante de pasaporte nuevo, enfilándose a la oficina con sus documentos en mano. Niños encima, debajo y a un lado de cada asiento, olor a sanitario de estación de autobuses en tiempo de escasez de implementos de limpieza o una mano de obra que salió a almorzar hace tres meses y no ha regresado bajo la protección del líder sindical, vendedores ambulantes que se regodean ofreciendo grasientas donas, aguas embotelladas, burritos de verde y colorado, bolígrafos con tinta negra (la oficial, pobre del jodido que se le ocurra escribir con azul o con otro color) así como los promotores del coyotaje legal que ‘ordenan’ los documentos para “arreglar” con los gabachos (si la vida nos ha hecho pendejos, qué mejor que haya coyotes que nos pongan en orden los papeles, justo como los piden los agentes de migración del mentado paraíso terrenal)… Parece que ya llegué a la oficina de Relaciones Exteriores en Ciudad Juárez.

Una mujer muy amable en el escritorio de informes me entrega la solicitud que debo llenar con la tinta oficial (la negra, pues), con letra de molde (se me olvidó en la alacena, junto con el rallador del queso, a ver si me sale bien), sin tachones (soy abstemio). “¿Trajo sus copias? Ah, sí las trajo, llene la solicitud y se sienta frente al mostrador, ya la llamarán”. Niños de todas las edades, hartazgo infantil, juvenil y de la madurez, aunque todavía no sean las diez de la mañana. La gente va y viene, trata de alejarse de la fuente de la eterna hediondez de la esquina nororiente de la oficina, pero la norma certificada indica que el cliente (ya todos los somos en este mundo) debe permanecer sentado frente al mostrador donde debe realizar el siguiente paso del trámite. Me pregunto si también se certifica y existe una NOM (norma oficial mexicana) que hable sobre la cantidad y calidad de los olores emitidos por los baños en establecimientos de servicio al público. La Secretaría de Relaciones Exteriores, delegación Ciudad Juárez podría llevarse un reconocimiento quizá universal en ese aspecto, ojalá le busquen.

Al llegar mi turno, comparezco ante la funcionaria que me atiende y comienza a marcar con amarillo algunas cosas, revisa fotocopias (en la madre): “no señor, esta copia de su pasaporte anterior no sirve porque le hicieron reducción, mire, no es del mismo tamaño”. Y tiene razón, quizá le han disminuido un 20% de su magnitud original. “Vaya a la papelería de enfrente y pida copia sin reducción, me la trae y ya no debe formarse nuevamente”. Vaya, al menos entiende lo que implica sacar una méndiga cita vía electrónica. “A ver sus fotos”. Las extraigo del sobre en que las llevaba desde que me las entregaron en el servicio fotográfico. “Muy bien, están muy bien” (ya lo decía mi madre). “Pero tiene un problema…”. Tengo muchos, fue lo primero que me vino a la mente. Uno más, no ahora, por favor, le dije. “Usted no tramitó su pasaporte en esta oficina, así que no se lo podemos renovar”.

¡¡¡¡¡¿Quééééééééééé?!!!!! Señorita, le respondí, mi pasaporte fue emitido por la Secretaría de Relaciones Exteriores del gobierno mexicano. Es un documento que me ha permitido identificarme en el mundo entero, hasta en Banamex me lo han aceptado como identificación y ya ve que son muy mamilas. ¿Cómo es posible que lo acepten en todas partes, menos por la institución que lo emite? “Es la norma, señor. No puedo renovarle su pasaporte, debe traer uno anterior o iniciar como primera vez”. Sentía yo que los jugos gástricos, ya muy activos a esa hora de la mañana, se mezclaban con la sangre que me hervía y subía a la masa encefálica para bajar de inmediato a las puntas de los pies. Las suelas de los zapatos quemaban mi piel, mis manos temblaban y sentía que mis glóbulos oculares saldrían de órbita mientras que un rayo de odio fulminaría a todos los empleados de la secretaría, desde los que tenía enfrente, hasta a la señora Patricia Espinosa.

La chica del mostrador ya no supo qué responder y llamó a la encargada de la oficina. Ella llegó con aires de suficiencia, sapiencia, gobernanza, lontananza y algo de holganza, luego sentenció: “Nosotros no tenemos la base de datos de donde salió su pasaporte, así que debe traer el pasaporte anterior al anterior y con ese le haremos la renovación. Si quiere comenzar un trámite nuevo, en nuestro sistema aparece que su último pasaporte fue expedido en 1998, debe traer ése”. ¿El de 1998? Pero si cuando tramité el de 2006 lo reporté extraviado… “Traiga entonces el acta de la agencia del ministerio público donde diga que lo extravió, y no se preocupe, ya sacó cita, vaya y venga, le guardamos su lugar”. Qué amable, pero… este pasaporte dice Secretaría de Relaciones Exteriores, aquí es la Secretaría de Relaciones Exteriores, hasta los ingleses y los gabachos lo han recibido como un documento válido emitido por el gobierno mexicano (whatever they think about that!) y ustedes no lo reconocen como legítimo. “Pues aquí le guardamos su lugar, si gusta”. Pero la página de la Secretaría dice que si el pasaporte fue emitido por una oficina consular basta una identificación que me acredite como nacional mexicano para RENOVAR el pasaporte vencido o por vencer. “Ya le dije, señor, que así son las reglas”. Pues tendré que levantar un acta por el extravío del acta que levanté en 2006 por el extravío de mi pasaporte emitido en 1998. “Hágale como quiera, porque no puede comenzar trámite nuevo, aquí tenemos registrado que usted solicitó un pasaporte en 1998 y fue entregado”.

La Secretaría de Relaciones Exteriores no admite como pasaporte legal un pasaporte emitido por la Secretaría de Relaciones Exteriores [sic, así se las gasta este pinchurriento gobierno del cambio]. Pues la regla se le ha puesto a la fulana y muy bien puesta, así que me retiro con la cola entre las patas y el hígado del tamaño magnum. Llego a la Fiscalía del Estado, hago fila, me entregan mi número para pasar con el agente del ministerio público, me pide fotocopia de la identificación, levanto el acta y diez minutos después me enfilo a mi archivo personal (debajo de la cama y, por supuesto, lejos del edificio de la fiscalía), para sacar mi acta de nacimiento (a ver si tengo una jodida copia reciente) a la cual le saco fotocopia, así como al acta de nacencia y una más a mi credencial del IFE (para eso sirve, ¿no?).

Regreso a la representación juarense de la cancillería (no manches) y debo llenar una nueva solicitud puesto que NO PUEDO RENOVAR UN PASAPORTE DESCONOCIDO por la Secretaría de Relaciones Exteriores, así que debe ser una renovación por extravío. Todo casi igual, pero en el casi está la diferencia para estar o no certificado en los procesos de atención al cliente. Por cierto, aunque en la solicitud hay un recuadro para anotar la CURP (Clave Única del Registro de Población, para los amables lectores fuera del territorio mexicano), ahí mismo dicen que eso no sirve de nada, que si no la traemos, que no importa. A mí no me importa, a ellos tampoco, a nadie debe importarle pues. Llego de nuevo al mostrador, mi turno es con una persona diferente a la de un par de horas antes. “Bien, muy bien, bien… Todo en orden, señor, pero debe repetir las fotocopias de su acta de nacimiento y del acta de extravío ante la agencia del ministerio público porque DEBE REDUCIRLAS a tamaño carta (recordé a la madre de la señora Espinosa nuevamente, pero en respetuoso silencio). Vaya a la papelería y regresa, mientras tanto averiguo si hoy mismo le podemos tramitar su pasaporte”. En la madre, mi coronel, las mentadas me han salido con tan gran volumen de voz que ya pretenden castigarme.

Regreso con las copias de los documentos reductibles y me dice el joven que será en cinco días el final de mi trámite. ¿La razón? Como mi último pasaporte tramitado en una oficina válida (para ellos) fue en el lejano 1998, en el siglo pasado, no cuentan con el archivo digital del mismo y lo deben pedir a la ciudad de México y eso tarda alrededor de cinco días. ¿Naturales o hábiles, joven?, me atrevo a preguntar. “Hábiles, señor, y se atraviesa el día del niño, el día del trabajo, el día del cojón en cuadritos y el día de las rocas marítimas en el exilio, así que usted calcule”. Nunca se me ha de quitar lo hocicón y respondo: Pero si es un archivo digital y en el mundo de la información y la informática, los datos viajan a velocidades inconmensurables, casi instantáneamente podrían tener aquí lo que necesitan para hacer mi documento hoy mismo. Supongo que dije malarazones pues hizo cara de ¿k-pex? Y ya mejor no le seguí, jamás podré argumentar algo con personajes tan irrisoriamente ignorantes o faltos de acción sináptica. Ya solamente le pregunté qué debía hacer cuando volviera a los cinco días hábiles por mi pasaporte. Me tomarán la fotografía para hacer el documento y me lo entregarán, respondió más o menos. ¿Le pregunto o no le pregunto? Allá voy otra vez, y entonces: ¿para qué chingados me piden fotografías si me van a fotografiar ustedes? Los colores de tonos bermellones le inundaron la piel que apenas forraba las mandíbulas y no me supo contestar más que: “Así es el procedimiento”.

Sigo esperando que sucedan los cinco días hábiles… ojalá no sean primero las Olimpiadas ni que me llamen para participar en el equipo de gimnasia rítmica o nado sincronizado porque no podría estar por la ausencia de mi pasaporte vencido digitalizado en manos de los funcionarios de la representación de la Secretaría de Relaciones Exteriores en Ciudad Juárez.

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Libre tránsito

Circular en Ciudad Juárez es cada día más difícil. Por doquier han brotado enrejados que impiden el libre tránsito dentro de las colonias y fraccionamientos, entre barrios, en fin, los ciudadanos han emprendido una honda tarea de encerrarse. No es para menos. La razón primera ha sido la desatada y casi nada contenida delincuencia de cualquier signo: organizada o no, con o sin uniforme y gafete oficial, armada con pistolas de juguete o con armas patrocinadas por el rápido-y-furioso Departamento de Justicia de los Estados Unidos, o sin armas, al puro valor fronterizo, juvenil, infantil, senecta, masculina y femenina, la provocada por la miseria o por la avaricia… la madre de todas las delincuencias, con todo y sus hijas, naturales, putativas y legítimas.

De manera ordenada, muchos vecinos se organizaron e hicieron sus trámites ante las autoridades que supuestamente estudiaron las propuestas y dieron el visto bueno para emprender el encierro y la limitación de las libertades de tránsito dentro de la ciudad. Pero muchos otros decidieron hacer caso omiso de las recomendaciones oficiales, de los reglamentos y leyes escritas y siguiendo la sola ley chicharronera (“aquí, sólo mis chicharrones truenan”) cerraron por sus pistolas para protegerse, dicen, de las pistolas de los malandrines.

Si bien ya era un desmadre vivir en un país donde la delincuencia ha sentado sus reales, los supuestamente no delincuentes han tomado medidas poco agraciadas para evitar la acción de los delincuentes y, a la vez, se convierten en delincuentes. Porque, a final de cuentas, delincuente es toda aquella persona que quebranta la ley. Así, supuestamente, la ciudadanía se encierra “a piedra y lodo” ante la evidente incapacidad del Estado mexicano para cumplir su obligación de brindarle seguridad en sus personas y bienes. Los resultados de este tipo de “medidas ciudadanas”, además de quitarle un peso inmediato de encima a las autoridades de los tres ámbitos de gobierno, a la larga, deberán ser analizados en sus justas dimensiones, pues las fricciones y conflictos emanados del encerramiento de grandes, medianas o pequeñas áreas de la ciudad se acumulan día con día.

Convivir no es juntarse a pistear, a escuchar a Espinoza Paz o a abrazarse por el nuevo año. La convivencia se refleja en la cotidianidad de las relaciones, en las mentadas de madre ocasionadas por el vecino que se estaciona en la puerta de la cochera, por el padre o madre que evitan que el hijo camine más de tres pasos entre el auto y la puerta de la escuela, por la basura que no se riega en la vía pública, por evitar que mi mascota defeque en la vía pública, por ceder el paso a los peatones, observar los límites de velocidad, no permitir que los vecinos descansen por la noche y respetar la intimidad de los demás, inclusive de nuestros parientes.

Rodearse de rejas puede evitar un secuestro en ciertas condiciones, un robo o la vagancia de los “extraños” al barrio. Sin embargo, el amurallamiento de diversos sectores de la ciudad impide el libre tránsito de las personas y el trabajo de quienes se hacen cargo del funcionamiento de los servicios públicos. Encerrarse entre rejas, muros o cualesquiera otras barreras, invita a sospechar de TODOS los demás, a descuidar la vigilancia sobre nuestros hijos, a abusar de nuestras libertades por encima de los derechos de los vecinos y a disminuir nuestra ya de por sí mínima solidaridad para con nuestros congéneres.

Por una parte, las autoridades se lo pasan bien transfiriendo la solución de los problemas a los ciudadanos. Al mismo tiempo, la tramitología implica incremento en los montos recaudados para continuar la poca acción a favor de la ciudadanía. Los estira y afloja en cuanto a las autorizaciones para cerrar colonias y fraccionamientos incrementan las fricciones, minan la paciencia de las personas y radicalizan las actitudes. Cuando las autoridades deciden tumbar muros-bardas-obstáculos, se exacerban los enojos de los ciudadanos hacia ellas y los sentimientos de enfado contra los que han logrado mantenerse encerrados y contra los que pretenden evitar los cierres.

En fin, que la idea del libre tránsito sólo queda en eso, una simple idea por la cual todos suspiramos y con la cual hacemos lo que se nos viene en gana. No estamos dispuestos, todos, a respetar a los demás, a asumir los derechos de los demás, ni a cumplir con nuestras obligaciones. Nuestro grado de convivencia y colaboración se encuentra en el mínimo… como nuestra inteligencia y nuestro sano juicio.

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¿Voto obligatorio?

Lo leí en El Universal el lunes 9 de enero de 2012: Un brillante diputado que responde al nombre de David Ricardo (lástima de nombre) Sánchez Guevara –y me importa un carajo a qué mafia partidista pertenece- propuso la obligatoriedad del voto en las elecciones mexicanas. Su razonamiento es muy simple, los ciudadanos, al no sentir responsabilidad por el proceso electoral, no participan, las elecciones son muy caras para que participen unos cuantos y los elegidos de Dios, perdón, los ganadores de las elecciones se tambalean por falta de legitimidad. Posteriormente, la diarrea argumentativa del legislador lo lleva a referir estudios sobre los costos de cada voto en procesos pasados y urge a sus flamantes colegas a obligarnos a todos a acudir a las urnas para bajar el costo por voto (aplausos –para el diputado). Debe ser muy hábil para las cuentas y se nota que lee lo que el gobernador de su Estado (el que lo palomeó en el 2006) ni en sueños haría. Pero vámonos por partes. ¿Por qué la gente no vota? La primera gran razón para que los mexicanos no acudamos a las urnas cuando nos llaman, es porque no creemos ni un ápice de lo que nos proponen, prometen, anuncian o informan quienes se dedican a vivir del presupuesto y nos gobiernan, nos legislan o nos madrean. ¿Para qué votar? Antes, porque solamente ganaba el PRI; hoy porque si es el PRI, el PAN o el PRD, ¿cuál es la diferencia? ‘Tons, ni pa’qué andar perdiendo el tiempo en tantas pendejadas. ¿Se deslegitiman nuestros gobernantes? Vergüenza debería darles, la legitimidad y la credibilidad la perdieron desde hace muchas décadas y lo que siguen haciendo cada día, en nada colabora para que los ciudadanos comunes y corrientes, simples mortales en hazañas cotidianas para sobrevivir en un país que a pesar de sus dirigentes todavía existe, pueda volver a tenerles confianza… ¿qué digo? ¡Si nunca les hemos tenido confianza! Señor diputado Sánchez Guevara y secuaces que le acompañan en San Lázaro: si su gran preocupación es el costo unitario de los pocos votos que se coleccionan en las casillas, desaparezcan el subsidio público a los partidos políticos, saquen las manos del IFE y permitan que sea un organismo verdaderamente ciudadano y deje de ser botín de las mafias partidistas. Eliminen a los 200 diputados de partido, solamente queremos un senador por entidad federativa, eliminen los seguros de gastos médicos de legisladores y funcionarios públicos y métanse todos al IMSS, al ISSSTE a su gran simulación del Seguro Popular. Dejen de pagarse gastos de representación, hagan su trabajo como lo establece la ley y manden al mercado laboral a la punta de holgazanes que tienen como asesores, choferes, guaruras, secretarios y lo que sea. No hable de democracia, señor diputado, donde no existe. El toma y daca entre partidos, los chismes de vecindario en el Congreso y las lambisconerías suyas (de todos los legisladores) de cada día, el cochupo, el chayote, la extorsión, el ausentismo en las cámaras, la vida partidista por encima del resto del país y la ignorancia que cubre como un pesado manto a las acciones de todos ustedes… para nada se refieren a una práctica democrática. Organizar elecciones a cada rato no hace la democracia. Contar con una sarta de organizaciones políticas en estado permanente de conexión a la chichi presupuestal no es un reflejo de democracia. ¿Nos obligarán a votar? ¿A ustedes quiénes los obliga a hacer su trabajo de acuerdo a lo que dicen las leyes y lo que prometen todos los días? ¿Cómo nos va a obligar a votar? ¿Un soldado para cada ciudadano para que a punta de pistola vayamos a las urnas? ¿Nos van a multar? No señor… ya no nos venga con tantas chingaderas. Así, como vamos, este año tampoco voy a votar.

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Inicio de año

El 2012 comienza lleno de augurios terribles para el mundo y para nuestra sociedad mexicana. Primero, a unos desquiciados se les ha ocurrido afirmar que como a los mayas se les terminó su cuenta de años en el 2012, entonces el mundo se acabará el 21 de diciembre de este año. Tal anuncio ha provocado que a algunos abusadillos se les ocurra haber comenzado con el negocio de preparar a la gente para el fin del mundo. Si a todos nos cargará la tristeza y seremos arrasados por la destrucción, ¿cómo nos habremos de preparar? Solamente gozando lo que nos resta de vida, mandando al carajo a los acreedores, pintando un violín a los opresores y leer a Saramago.

Independientemente del fin del mundo anunciado con bombo y platillo, más terrible aún es la proximidad de las campañas políticas en pos de la presidencia de la república Mexicana. What a fuck! Ya estamos viendo el despilfarro de millones de pesos para que un grupito de descerebrados inútiles pretenda llegar a la silla de palacio para enriquecerse, enriquecer a sus amigotes y decir que trabajarán por el bienestar de los mexicanos. ¡Ah, cuánta falta nos hace algo como la primavera árabe o la insurrección islandesa contra gobierno y los banqueros! Ya de perdida una movilización como la de los indignados de la Puerta del Sol. Porque además a la monserga de las campañas presidenciales, se sumarán las campañas de los simuladores profesionales que pretenden convertirse en diputados federales y senadores en un congreso mexicano que se caracteriza por ser un aparato de mentirosos, convenencieros, oportunistas y delincuentes legales.

La expoliación del pueblo mexicano por parte de los dueños del dinero habrá de continuar con la complacencia de los simuladores del congreso y apoyada por las fuerzas del orden público. Por más “buen fin” que nos anuncien las autoridades y a la que se sumen los insaciables acumuladores de las migajas que obtienen los asalariados mexicanos, los números de la pobreza, de la pobreza extrema, del hambre, continuarán a la alza. El derrochador aumento al salario mínimo anunciado en diciembre pasado, no es más que un indicador de la burla armada en la comisión nacional de los salarios mínimos orquestada desde las secretarías de estado, el banco de México y los organismos patronales, apoyados por sus esbirros “sindicalistas”.

¿Y qué decir del plano supuestamente internacional? Las políticas mexicanas cada día están más supeditadas a las órdenes de la desquiciante batuta washingtoniana. Mientras los gabachos pretenden agrandar el muro ignominioso que separa a los Estados Unidos de su traspatio, las propuestas de persecución y control de las personas de origen extranjero en México se hacen cada día más presentes por presuntos intereses de control de la amenaza terrorista internacional. ¿Amenaza para quién y desde dónde?

Ya va siendo tiempo de evaluar seriamente cuáles son las verdaderas amenazas para los mexicanos, de dónde provienen los rasgos que podrían ahondar más la brecha entre ricos y pobres. Al final de las cuentas alegres, ¿de quién debemos cuidarnos los comunes y corrientes? ¿No se han separado grandemente los intereses llamados nacionales, de las necesidades urgentes de la mayoría de los ciudadanos mexicanos? ¿Cuál es el rumbo que debe tomar nuestra sociedad? La modernización planteada a lo largo de los últimos ciento cincuenta años no nos ha dado más que miseria, sometimiento, falsas esperanzas y pérdida de la dignidad individual.

¿Es éste el año del fin? Habremos de decidir a qué le daremos fin.

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Día de las madres

Historias cotidianas, 580
Ciudad Juárez, 10 de mayo de 2011.

Hace unos años, dos o tres, qué importa, una alumna de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, para la cual trabajo envió un mensaje urgente pidiendo ayuda para su tratamiento de cáncer cervical. La gente comenzó a responder al llamado; la huérfana del lado de progenitora se asustó y debió confesar que todo era una broma. Las respuestas condenatorias a la conducta de esta persona fueron unánimes.

Pero los seres humanos somos tercos y recurrentemente sale a la luz el mismo mensaje. Ya sea una memoria de pulga, ya sea el vivir en la luna o definitivamente en la ignorancia, aunado con la desmedida ingenuidad que a muchos caracteriza, el hecho es que en las semanas recientes llegó a mi buzón de correo electrónico la misma monserga de mensaje. Como suele suceder, la persona que me lo envió, lo hizo al mismo tiempo a casi cuarenta personas.

Decidí responder con copia a todas las demás víctimas de este abuso en la utilización del correo electrónico, con la finalidad de que no se siguiera haciendo más grande la cadena de la mentira, avisarle a esta ingenua persona que había caído en una trampa y que, al mismo tiempo, nos hacía perder nuestro tiempo, solicitando que se usara el servicio de una manera más responsable. Por último, le dije que bloquearía su cuenta en mi buzón pues no estaba dispuesto a seguir recibiendo mensajes de quien no cuida lo que envía.

Una persona más respondió mi petición y dijo que podría denunciarse como abuso con la finalidad de disminuir el spam. Que ella ni siquiera sabía quién era la persona que originó el mensaje (y yo hasta ahora tampoco lo sé y tampoco me interesa).

Horas después vuelvo a consultar mi buzón y me encuentro con el mensaje de alguien (JO) que no se atreve a firmar los mensajes que envía, con una dirección que comienza “lobo_rocka” y a todos los que recibimos ese primer mensaje nos dice: «Hola que tal a todos…conosco [sic] a […] tambien [sic] de una clase de la UACJ, y ella no ganaria [sic] nada con este tipo de cadenas, que a mi [sic] tambien [sic] no me gustan sobre todo por que [sic] la mayoria [sic] son falsas o pura perdida [sic] de tiempo, solo para informarles, a veces resulta ser que recibes de un contacto que conoces de toda la vida correos que son basura, pero que esa persona nisiquiera [sic] se da cuenta que estan [sic] siendo enviados por ella. Asi [sic] que no podemos empezar a criticar y denunciar todo a lo loco…saludos y que esten [sic] bien… ».

Allí mismo me entero que la susodicha que reinició la infausta cadena había mandado un mensaje bajo el tenor siguiente, mensaje que no había leído yo puesto que ya tengo bloqueada su dirección:

«Subject: disculpenemen!!! [sic]
Date: Mon, 9 May 2011 12:35:27 -0700
disculpenmen!!! [sic] si les molesto [sic] este correo (Alumna de la (UACJ) , leelo xfa)!!! pero realmente crei [sic] que era cierto, realmente no me gustaria [sic] verme en una situacion [sic] en la cual yo necesite de todos ustedes. ensero [sic] mis sinceras disculpas!!!!
[…], a lo mejor no te acuerdas de mi [sic], pero estubimos [sic] juntas en la clase de epistemología [sic]!!! soy […], la que se sentaba junto a usted, soy gordita, morena, seria.
DISCULPENMEN!!!!! [sic]
Atte. […]»

Vaya, vaya… los universitarios…

Respondì con lo que sigue:

«Maestro (a) whoever you are: Ya van dos de la UACJ con una ortografía de primaria, con el “disculpenmen” a la tercera potencia, el “conosco” y la falta de tildes sobre las vocales que deben llevarlas, me da la impresión que tanta tecnología sirve solamente para hacernos perder más nuestro tiempo y que la educación formal sirve para lo mismo que si no existiera. ¡Qué vergüenza presentarse como estudiantes de la UACJ sin saber escribir, sin hacerse responsables de sus actos y tratando de defender una burrada con argumentos sosos! Si las críticas y no sé cuáles denuncias se han hecho “a lo loco” porque la tal persona no se da cuenta qué clase de basura le envían, ¿cuál es la responsabilidad de las personas en todo este caos?
Debemos procurar un uso responsable de los medios de comunicación y la responsabilidad implica conocimiento.»

Remato esta historia con la respuesta de JO a mi mensaje y que hizo llegar a los casi cuarenta receptores:

«e visto un troll….eres el pinche gordo barbon eda??jajaja [sic/sic/sic]
ricardo ntncs xinga tu madre
Reparación de computadoras
Software & Hardware
Venta y Modificación de consolas
(Ps3,Ps2,Psp,Wii,Xbox,Ds)
Celular: 656XXXXXXX
Telefono [sic] de El Paso: 915XXXXXXX»

Me convencieron los profundos argumentos de JO: me sentí excedido de peso, me arreglé la barba, pero no pude darle recado alguno a mi señora madre, así que no puedo más que seguir sintiendo lástima por muchos universitarios y por esta ciudad y este país, donde los argumentos de la inteligencia son escasos.

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